
- Para reclamar el alma de alguna persona que morirá pronto. (Se dice que aquel que vea La Santa Compaña, morirá en el plazo de un año)
- Para reprochar a los vivos algunos pecados que han cometido. (Si el pecado es especialmente grave, el mortal que la ha cometido podría recibir la visita de la Compaña para que la encabece, condenado así a vagar hasta que otro mortal le reemplace.)
- Para anunciar la muerte de un conocido del que presencia la procesión.
- Para cumplir una pena impuesta por alguna autoridad del más allá.
- Para pedir misas por su salvación a los familiares vivos.


Pero a pesar de existir testigos que dicen haber visto dicha procesión, no todos los mortales tienen el privilegio de poder verla, pues Elisardo Becoña Iglesias en su obra "La Santa Compaña, El Urco y Los Muertos" explica que según la tradición, tan sólo ciertos "dotados" poseen la facultad de verla: los niños a los que el sacerdote, por error, bautiza usando el óleo de los difuntos, poseerán, ya de adultos, la facultad de ver la aparición. Otros, no menos creyentes en la leyenda, habrán de conformarse con sentirla o intuirla.
Afortunadamente para todos aquellas que la vean, la cultura popular nos ha transmitido una serie de estrategias que nos libran de dicha condena, en caso de encontrarno frente a frente con La Santa Compaña. Y aquí os dejo las más populares:
Apartarse de su camino, no mirarles, y hacer como que no se les ve.
Acompañarse de un gato negro para arrojarlo a la procesión y huir (recordemos que el gato negro es un animal muy simbólico en muchas culturas)
Trazar el Círculo de Salomón en el suelo y meterse dentro hasta que La Santa Compaña haya desaparecido.
Hacer determinados gestos mágicos como "la figa o higa" o "los cuernos".
Rezar y no escuchar su voz.
Llevar encima escapularios, objetos sagrados, ajos o castañas de indias.
En último caso uno puede tirarse al suelo boca abajo y esperar que La Santa Compaña no le pase por encima.





















